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“Aquí hay uno que es más que…”

“Aquí hay uno que es más que…”, esta es una frase que se repite machaconamente a lo largo del evangelio de Mateo (Jesús afirma que es más que Salomón, más que Jonás, más que Moisés, más que el sábado, más que el Templo, etc.).

No cabe duda que una repetición tan insistente indica algo importante. Pero, ¿qué puede ser?

En un primer momento la expresión echa para atrás. Parece poco apropiada puesta en boca de Jesús, y más en un mundo que nos invita constantemente a competir, a pisar fuerte, a no perder el tiempo, a ser y tener “más que” los demás (sacar mejor nota que el de al lado, para poder acceder a unos estudios; ser más rápido que el competidor, para ganar la carrera; tener más que el vecino, para elevar mi estatus social, etc.).

Resulta incómodo pensar en el tipo de personas que van por la vida afirmando con frecuencia ser “más que” otros muchos.

Jesús ciertamente no encaja en ese perfil. Entonces, de nuevo aparece la pregunta, ¿cómo podemos interpretar estas afirmaciones?

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El “ser más que” (en el caso de Jesús) quizás podría interpretarse como un “llevar a plenitud” o “sacar lo mejor de”. A mi me ayuda pensarlo así.

Jesús es (aceptada la traducción) el que lleva a plenitud el mensaje de todos estos personajes bíblicos, anteriores a él, aquél que saca lo mejor de su propia tradición.

En ese sentido, la afirmación de Jesús se convierte en una invitación más comprensible, una invitación dirigida a todos los que hemos escuchado sus palabras siglos después. Una invitación a ser lo mejor posible, a vivir lo más plenamente posible, a mejorar lo bueno que vemos a nuestro alrededor, no a tratar de ser (o aparentar ser) “más que” el vecino.

El “ser más que” del evangelio de Mateo se transforma así en el “magis”, en la búsqueda de lo mejor, no del más.

Ser lo mejor posible, dar todo lo que uno puede dar, sin pretender ser más ni justificar ser menos. De eso se trata. Alcanzar nuestra justa medida, eso es lo que Dios nos pide.

(Meditaciones de una tarde de verano, preparando la misa. Ver: Mateo 12,38-42)

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