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La sabina de Villamayor y las parábolas del Reino

La semana pasada tuve la suerte de visitar la sabina de Villamayor, un árbol centenario y singular situado a muy pocos kilómetros de la ciudad de Zaragoza. De lejos parece un árbol más, pero cuando uno se acerca y lee su historia descubre que es único.

Es una especie de náufrago. Uno de los pocos supervivientes de la época en la que su especie dominaba la parte más árida de la cuenca media del río Ebro (la región conocida como los Monegros o “Montes Negros”, debido al color verde oscuro de la sabina).

El hacha del leñador y el arado del agricultor fueron arriconando la sabina albar (o sabina vera en esta región) en los lindes de los campos y en las zonas más innacesibles. Su excelente madera se utilizaba en la construcción y como leña hasta hace poco. Hoy día está protegida y está recuperando, muy lentamente, su antigua área de distribución.

Si alguna especie simboliza la tenacidad y la capacidad de resistencia ante condiciones extremas de temperatura y aridez sobre suelos pobres, esa especie es la sabina. Quizás por ello la sabina albar es uno de mis árboles favoritos.Sabina Villamayor

La sabina no es el árbol frondoso, plantado junto a la acequia, que produce frutos a su hora del que habla el salmista. La sabina no cambia de color con las estaciones. La sabina no posee tampoco una flor vistosa y atractiva. La sabina no tiene nada de eso.

Sin embargo, lo poco que tiene lo ofrece: sus ramas son refugio para los pájaros, sus raíces y su copa protegen el suelo desnudo de la erosión, su sombra ofrece alivio al caminante acalorado.

La sabina albar es una buena maestra; todo lo que tiene, lo da. Ella cumpliría -de haberla conocido Jesús- los requisitos para ser incluida entre las parábola del Reino. Porque la clave de la vida no consiste tanto en preguntarse cuánto se me ha dado, sino qué hago con lo que se me dió. Esta es una de las llaves que abren la puerta del Reino de Dios en nuestro mundo.

La sabina albar está al nivel de la mostaza, de la levadura, de la perla y del tesoro escondido. Un tesoro escondido en un barranco feo, perdido y reseco, a muy pocos kilómetros de Zaragoza.

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