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La Biblia en un tweet

Muchos piensan que el gran invento de nuestra época son las redes sociales. Se equivocan. Las redes sociales se inventaron hace miles de años. De hecho existen desde que las personas empezamos a comunicarnos, aunque no las llamásemos así.

Es cierto que Twitter, por poner el ejemplo de una de las más usadas, se inventó hace tan solo unos pocos años. No existía nada parecido antes a nivel global, excepto Facebook. Sin embargo, la idea de condensar en un mensaje corto y directo (un “tweet” son 140 caracteres) es tan antigua como la comunicación humana.

“Vete al grano y déjate de rodeos”, decimos cuando queremos aclarar una cuestión. “Resúmelo en un tweet”, sería una buena manera de decir lo mismo en la actualidad.

La gran novedad de redes como Twitter consiste en el modo digital de transmitir los mensajes y en la mayor facilidad de acceso e interacción que permiten, aunque su lógica no es nada novedosa. A Jesús, de hecho, hace 2000 años, cuando Twitter ni se podía imaginar, le pidieron que resumiera lo más importante de su mensaje en una frase muy corta.

Lo hizo en varias ocasiones. Las bienaventuranzas, consideradas para muchos el mensaje central de los evangelios, son un buen ejemplo, encajan todas en un tuit. En la biblia judía sucede lo mismo: Moisés, al recibir los diez mandamientos de la ley de Dios, podría haberlos tuiteado (de haber tenido a mano la tecnología adecuada); los salmos y el libro de los proverbios también admitirían ser transmitidos vía Twitter.

Quizás por ello Benedicto XVI se lanzase a tuitear desde @Pontifex y Francisco, el año pasado, dijera refiriéndose a las redes sociales: “las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales”.

Pero vayamos al evangelio de este domingo, escrito muchos siglos antes de la revolución digital. A Jesús le piden que haga un esfuerzo de síntesis y condense la ley de Dios en pocas palabras (en un tuit): “¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?”, le preguntan un grupo de expertos en la ley judía.
Jesús responde (en menos de 140 caracteres):

image1“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Y a tu prójimo, como a ti mismo”.

Si le hubiesen pedido que resumiese la Ley, todavía más, utilizando el hashtag #en6palabras, quizás hubiera dicho:

“amor a Dios, amor al prójimo”.

Lo que hubiese tuiteado Jesús #en6palabras no lo sabremos nunca (aunque seguro alguien lo investigará un día), pero lo que sí sabemos con certeza es que su mensaje central habla del amor y gravita en torno a dos centros: Dios y el prójimo.

spiritRecuerdo que, cuando estudiaba geometría, el profesor explicaba que la suma de las distancias a los dos focos de una elipse se mantenía constante en todos los puntos. Ese era “el secreto” de la elipse. “El secreto” de la vida cristiana, nos recuerdan hoy, consiste también en gravitar en torno a dos focos: el amor a Dios y el amor al prójimo.

En unas épocas de la vida, necesitaremos centrarnos en Dios; en otras, nos volcaremos más en el servicio directo al hermano. Pero la referencia constante a uno y a otro – a Dios y al prójimo – para un creyente, nunca puede faltar.

Cuando los creyentes vivimos centrados solo en Dios, nos volvemos con facilidad unos fundamentalistas y acabamos – como Narciso – reflejados en nuestra imagen deformada de Dios.
Cuando nos volcamos solo en el servicio al prójimo, engrosamos las admirables filas del humanismo laico, pero olvidamos quién nos impulsa.

Dios nos envía al prójimo y el prójimo nos envía a Dios. Esa es la dinámica de la fe cristiana. Amar a Dios implica amar al prójimo; amando al prójimo amamos a Dios. La vida cristiana es elíptica, no circular.

Retuiteemos el mensaje central de nuestra fe, grabémoslo en el corazón, pongámoslo en práctica:

“Amor a Dios, amor al prójimo”.

Homilía del Domingo 30º del Tiempo Ordinario (A)

Mateo 22,34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Éx 22, 20-26
Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Sal 17; Tes 1, 5-10

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