Homilia, Reflexión

Piensa bien y acertarás

“Piensa mal y acertarás”, afirma uno de los dichos más escépticos y ácidos del refranero castellano.

“El que no está contra nosotros está a favor nuestro”, afirma Jesús en el evangelio, invitando a pensar –en principio– bien de todas las personas, cuestionando así el pesimismo que nos invade a todos de vez en cuando.

Pesimistas y optimistas, realistas e ingenuos, escépticos y confiados. Así podríamos dividir el mundo de una forma un tanto simplona.

Aunque sabemos que la realidad es más compleja y admite muchos matices. Por un lado, razones para pensar mal no nos faltan, dada la historia de la humanidad y las terribles noticias que nos llegan casi a diario desde todos los rincones del mundo sobre las atrocidades que somos capaces de cometer. Por otro lado, esa realidad incontestable no es el único –ni el más importante– de los hilos que tejen la trama de la historia. La fraternidad, la entrega y la confianza que hacen posible la convivencia rara vez alcanzan los titulares de las noticias y a menudo pasan desapercibidas, aunque ello no significa que sean menos reales que las otras.

El evangelio no nos pide que escondamos los problemas haciendo como que no existen o que caigamos en la ingenuidad de pensar que todo el mundo es bueno. Nos pide ser sencillos como palomas y astutos como serpientes. En los evangelios Jesús aborda el conflicto, critica la hipocresía, denuncia la injusticia, lucha contra la mentira y su fidelidad a la misión recibida le conduce hasta la muerte, una muerte cruel e injusta. Oportunidades tuvo, y muchas, para darse cuenta de la existencia del mal y del pecado en el mundo.

Jesús no es un ingenuo, pero tampoco un escéptico. Por ello, consciente de la ambigua condición humana, insiste: “el que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Es más, al final de su vida, antes de morir en la cruz abandonado por sus amigos, afirma: “Perdónales, porque no saben lo que hacen”.

El mal, parece decirnos, no tiene ni identidad, ni consistencia, ni autoridad, es una mezcla hueca de ignorancia y torpeza.

Dicho de otra manera, Jesús nos pide que sea la realidad la que se desdiga, que no lo hagamos nosotros antes de tiempo y que, cuando lo haga, seamos capaces de compadecernos. Pero, mientras no se demuestre lo contrario, pensemos bien. Pensemos en el otro como un colaborador, pensemos en él y en ella como un potencial amigo, como uno de los nuestros. Confiemos que, en principio, “el que no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Porque la venida del Reino de Dios, de la que tanto le gustaba hablar a Jesús, ¿no consiste acaso en el establecimiento de relaciones de colaboración y confianza mutua, hasta el punto de transformar la forma de funcionar la sociedad y el mundo? Y un requisito para la construcción de ese Reino, ¿no es acaso pensar bien del otro, mirarlo con buenos ojos?

IMG_4571

En estos últimos años han proliferado multitud de iniciativas que permiten intercambiar casas durante las vacaciones, viajar aprovechando los coches vacíos, hacer cursos por internet o asociarse para comprar alimentos. Existen incluso “bancos de tiempo” donde la gente intercambia conocimientos y experiencias. En internet el mejor ejemplo de colaboración gratuita ha sido la creación, en pocos años, de la impresionante enciclopedia virtual Wikipedia, uno de los lugares más visitados de la red.

Todas estas iniciativas –facilitadas por la conectividad de la era tecnológica– ilustran lo que los expertos denominan la “economía colaborativa”, un movimiento todavía marginal que cada vez atrae el interés de más personas. El rasgo fundamental que permite que estos nuevos fenómenos de colaboración entre desconocidos sean posibles –afirman los que han estudiado la cuestión– es la confianza. Sin confianza, dicen, sería imposible que la gente se lanzase a experimentar nuevas formas de viajar, consumir, aprender o disfrutar del ocio.

Es cierto que no es oro todo lo que reluce y que algunas de estas iniciativas no acaban de funcionar o despiertan dudas por sus aspectos legales o por el uso que se acaba haciendo de ellas. Todo es susceptible de corromperse o instrumentalizarse, por supuesto, pero lo que es innegable es que apuntan a un modo nuevo de vivir en sociedad y de imaginar nuestras relaciones.

En el ámbito teológico se popularizó hace ya algunas décadas la expresión “cristiano anónimo” para referirse a tantas personas que viven de forma inconsciente o poco explícita –anónima– los valores del evangelio. Las nuevas formas de economía social que ha facilitado la era digital invitan, de forma similar, a descubrir “colaboradores anónimos” entre la masa de desconocidos con que nos cruzamos cada día en nuestras ciudades y en la ciberesfera.

Quizás estas nuevas formas de aprender, consumir y viajar están indicando nuevos modos de vivir en comunidad y de construir una sociedad más fraterna. En principio, nos dicen estas propuestas alternativas, mientras no se demuestre lo contrario, piensa que “el que no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Es decir, piensa bien y acertarás.

Jaime Tatay, SJ

Advertisements
Standard

One thought on “Piensa bien y acertarás

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s